martes, 17 de julio de 2018

El sentido detrás de las rejas


     Leer “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl me hizo retroceder al tiempo
cuando laboraba en el área penitenciaria, específicamente en el IJ Rodeo II, lugar donde
precisamente conozco por primera vez la obra de Frankl gracias al capellán del internado.
Y es que las similitudes entre lo que Frankl describía sobre los prisioneros en los campos
de concentración y estos internos, eran palpables. Y no solo es el hecho de estar recluido en
un espacio físico determinado, el “campo de concentración” puede ser muchas cosas,
circunstancias inesperadas, abrumadoras, esas que dan la sensación que nunca van a pasar,
que no podrás escapar.
     Voy a hacer referencia a tres características descritas en “El hombre en busca de sentido”
(Frankl, V. 2004) las cuales identificó Frankl en los prisioneros, sus compañeros e incluso
él mismo, durante su permanencia en los campos de concentración.
     La primera tiene que ver con la apatía, esa transformación en el prisionero, embotado por
sus propios sentimientos, que le hacía perder la capacidad de asombro y de sensibilidad
ante las crueles escenas que se desarrollaban alrededor. En el centro penitenciario lo pude
observar, pero lo llamativo para mí no era tanto que esta actitud estuviese en los internos,
pues de cierta manera era esperable; lo que realmente me sorprendía era observarlo en el
personal del lugar, incluido el personal asistencial. La violencia en los centros
penitenciarios no es secreto, en este caso para ese momento la población reclusa rondaba
los 400 internos. La dinámica del lugar era que permanecieran con las celdas cerradas, no
había “desplace”, y solo algunos privilegiados podían estar fuera de sus áreas de reclusión
por diversos motivos. Los días de visita la rutina cambiaba, las celdas eran abiertas y
entonces era la oportunidad para saldar deudas entre los internos, lo cual por lo general
daba como resultado al menos un fallecido.
     Cada miércoles al llegar al lugar de trabajo era común encontrarse con un cadáver,
inevitable ver el cuerpo descubierto aún ensangrentado; solo se preguntaba el nombre,
buscar el expediente y cambiarlo a la gaveta de “fallecidos”. Sin más comentario se
continuaba la jornada, a veces salía a relucir la expresión: “el que a hierro mata, no puede
morir a sombrerazos”. Incluso podría haber sido un interno con el cual hubiese un contacto
constante, aun así la apatía se mantenía.
     Otra elemento descrito por Frankl era el impacto del insulto, causante de indignación sobre
todo al ser juzgado injustamente. Recuerdo vivamente como uno de los internos del penal,
quien afirmaba estar preso siendo inocente producto de una confusión, relataba su
experiencia luego de una fuerte requisa, donde los insultos son protagonistas, incluyendo
acciones humillantes como el quitarles la ropa, obligarles a acostarse boca abajo en el piso
mientras los guardias les caminaban por encima y golpeaban aleatoriamente con su arma.
     Ante esta vivencia me decía: (Vb) “nunca seré el mismo, más nunca me dejaré pisotear por
nadie”.
     Finalmente, el humor, al que Frankl describe como una especie de mecanismo de defensa
que “permite un distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque
sea por un breve tiempo” (p.70). Y esto se observa en múltiples contextos, no solo el
penitenciario. Muchas veces ha sido una actitud muy criticada, venezolanos se acusan entre
sí de tomar todo “en broma”, aún en las difíciles circunstancias actuales, cuando es la
evidencia de que esa situación afecta tanto que se necesita ese bálsamo para sobrellevarlo.
     Por otra parte, la logoterapia está centrada en el futuro, siendo la esencia de la existencia la
“capacidad del ser humano para responder responsablemente a las demandas que la vida le
plantea en cada situación particular”. (p. 131); ¿cuál impacto pudiera tener en estos jóvenes
recluidos como consecuencia de cometer un delito el asumir responsabilidad sobre sus
actos?
     En la gran mayoría de las entrevistas realizadas, la verdad no recuerdo ninguna que no
hubiese sido así, el culpable de sus actos siempre era otro: el sujeto que lo provocó, el
padre/madre que no cuidaron de él, la sociedad que no le tendió la mano, la pobreza, el
barrio, la circunstancia. Nunca un “fue mi elección”. Asumir la responsabilidad sobre
nuestras actitudes ante cada situación, da un cambio de perspectiva, y por lo tanto de
conducta, incluso el repertorio emocional ya no es igual.


















Bibliografía
Frankl, Viktor (2004) El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder Editorial.
Lcda. Yalileth Revetti
Cursante del Diplomado en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (IV
Cohorte). Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”.

YALILETH REVETTI
Cursante del Diplomado en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (IV Cohorte).
Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”

domingo, 15 de abril de 2018

UNA HISTORIA CON SENTIDO



     Transitamos por la vida casi siempre con prisa, impulsados por la impaciencia y la sensación que él tiempo no alcanzará para tantas metas por cumplir. Hasta que de pronto, coincides con alguien que te hace entender a través de sus ojos cuál es el verdadero sentido de la vida y aprendes por medio de esa experiencia como disminuir el paso, observando a través de esa visión el mundo que te rodea, todo comienza a ir más lento, cada cosa comienza a tomar un significado más profundo, por un momento dejas de correr y comienzas a apreciar.
     Decidí referirme a la protagonista de esta historia como Mariposa, una mujer que se convirtió en oruga al momento de recibir el diagnóstico de una enfermedad incurable (Lupus Eritematoso Sistémico), “cuando me diagnosticaron sentí que se me acababa el mundo, ese era mi último día, me apuñalaba yo misma, solo pensaba ¿por qué yo?”. Esta situación de vida inevitable le provocó sufrimiento en torno a su sentido de vida, induciéndola a un vacío existencial, su mundo dio un giro inesperado y las cosas que le parecían importantes dejaron de serlo.
     Pero aquella mujer que tenía frente a mí, definitivamente no era la misma persona que ella describía en sus relatos, esta mujer representaba luz, vida, generaba felicidad, risas, ánimo,  ¿Cómo logro hacerlo, me preguntaba?, “saber de mi enfermedad me dolió en algún momento, pero ya no, yo no puedo hacer el dolor más doloroso, no puedo quedarme estancada, es que la vida continua, y hay más cosas por aprender, cada día es una historia diferente, ¿cuando tu vuelves a vivir lo que viviste ayer? Jamás”.
     Presencié entonces, la transformación de vida de aquella oruga, esta mujer no era enfermedad, el lupus no era su nombre, decidió aceptar su realidad y enfocar su vida en sus valores existenciales, asumió con libertad la actitud ante su sufrimiento inevitable, aunque no podía cambiar las circunstancias, e incluso no podía curarse de su enfermedad eligió superar las limitaciones de su destino. Ella es más que un diagnóstico, es una enfermera carismática, que genera bienestar a sus pacientes y colegas convirtiendo el dolor, y el miedo en risas.
     Cada uno de nosotros representa una Mariposa en potencia. Puedes continuar y morir como oruga temiendo al tiempo, la muerte e incluso a la vida misma, o asumir la libertad de transformarte en mariposa y apreciar la vida a través de tus valores existenciales.

Lcda. Psic. Ana Gabriela Perdomo
Cursante del Diplomado en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (IV Cohorte).
Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”.


sábado, 10 de marzo de 2018

Ver el mundo con una mirada más amplia...

Por qué el mal hace más ruido que el bien? Es una pregunta que siempre me he hecho a lo largo de la vida. Si uno en el transcurso de un día se dedica a saludar a la gente, darles los buenos días con una sonrisa, dar de comer a los pobres, un medicamento al que lo necesita incluso ropa al que no tiene pero al final de la jornada se te atraviesa una persona porque no respeta una señal de tránsito y le dices una grosería y la escuchan los que están al rededor, lo más seguro es que según su juicio el saldo del día sea negativo.

Una de las consecuencias de vivir en una sociedad donde se exalta lo malo, lo feo, lo desesperanzador es que nos acostumbramos a ver la realidad desde una sola perspectiva. Una de las labores de todo aquel que busca vivir y enseñar desde la logoterapia y el pensamiento frankliano es ayudar a que la persona pueda abrir su campo visual, ver la realidad de una manera más amplia y así descubrir una maravillosa red de oportunidades que se nos presentan en cada instante.

No será la hora de relativizar, de abrirnos a nuevas experiencias, de afinar nuestra mirada
y saber que la realidad es más profunda de lo que se nos viene a los sentidos? Si nos ponemos a pensar, no es lo mismo un minuto en una playa paradisíaca a un minuto antes de abrir la puerta de tu casa con un inmenso dolor de estómago. No es lo mismo el beso de una madre a su hijo o el beso de la traición de Judas.

Es impresionante como la situación venezolana ha logrado que muchos despertaran de un letargo y pudieran tener experiencias de altruismo, caridad y compasión. Personas que estaban sumergidas en sus propias ocupaciones y ahora hacen de sus ocupaciones espacios colaborativos llenos de sentido.

No critico el énfasis que muchos ponen en mostrar realidades que tratan de responder a la pregunta Por qué ocurre esto o aquello, pero propongo que usemos nuestras fuerzas creativas para tratar de responder a la pregunta más dinámica y esperanzadora que puede haber: Para qué?

Una persona me contaba que por primera vez en su vida visitaba un hospital público, después de pasar largas horas allí reflexionó sobre las distintas posibilidades que tenía al estar inmersa en esa situación y concluyó que tenía que actuar de acuerdo a la mejor de las posibilidades y para ella fue el ayudar a los que estaban peores que él. Le pregunté qué era lo que le hacía tomar esa decisión? La respuesta fue bien interesante, me explicó que a su manera de ver la grave situación del país era producto de que muchos habían actuado pensando en el interés de pocos y si queríamos otra realidad teníamos que hacer lo totalmente contrario y para él era que pocos pensaran en el bien de todos...

Esta persona comenzó en solitario a hacer el bien en el hospital y poco a poco fue sumando gente por atracción y creó un clima de colaboración y fraternidad que le dio otro color a ese hospital...

Esta persona se atrevió a ver un poco más, de una manera más amplia la realidad que le circundaba y pudo descubrir la mejor de las posibilidades en ese mundo en el que estaba por vez primera. Eso fue lo que enseñó el Dr. Viktor Frankl con su Logoterapia y es lo que denominó encontrar Sentido en el momento presente...

Lic. Manuel Alejandro García Álvarez
Presidente del Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial Viktor Frankl.






miércoles, 10 de enero de 2018

CUANDO LAS LIMITACIONES SE CONVIERTEN EN TU MAYOR FORTALEZA…


Viktor E. Frankl,  médico psiquiatra prisionero en los campos de concentración, viviendo las más humillantes miserias que ser humano alguno pueda experimentar, descubre el poder de la determinación interior y confirma en su propia carne, que el hombre tiene la libertad de decidir si ha de entregarse a situaciones o hacerle frente a ellas. En medio de aquel infierno que lo limitaba física y psicoemocionalmente, Frankl encontró su mayor fortaleza: su libertad íntima, ya que profundizar en la vida espiritual era la huida que más se posibilitaba ante la realidad de ser prisionero. Como un ejemplo de resiliencia, destaca con una nueva actitud ante la vida y confirma su teoría (logoterapia) después de sufrir múltiples crueldades  en los campos de Auschwitz,  Dachau, entre otros.       
 La resiliencia es un término, que en primera instancia fue aplicado por la física y la química para referirse a la capacidad que poseen algunos metales para volver a su estado original, después de haber sido sometidos a temperaturas extremas, seguidamente esta expresión fue acuñada por las ciencias sociales para referirse a la capacidad de las personas a sobreponerse a situaciones adversas y resurgir de ellas con una nueva actitud.  Al respecto Castro (2013), afirma:
El ser una persona resiliente implica más que el hecho de recuperarse de la situación adversa, pues conlleva un crecimiento hacia algo diferente, ya que no se puede volver al mismo estado. Consiste en dar un salto más adelante de lo que éramos antes de la pérdida o crisis. (p.16) 

En virtud de este señalamiento, se enfatiza la importancia del sentido que Frankl (1991) le dio al sufrimiento, si el sufrimiento tiene un sentido vale la pena vivirlo porque mediante él, el hombre puede encontrar significado a su existencia. Sostenía además que, “…el tipo de persona en la que se convertía un prisionero era una decisión íntima y no únicamente producto de la influencia del campo” (p.41) es decir, que el sufrimiento siempre tiene una razón de ser para cada persona, y éste, no determina su vida porque tiene la libertad de  decidir con responsabilidad la actitud que tomará ante cualquier tipo de circunstancia.
 Así que, Viktor Frankl como resiliente, descubrió el porqué de su existencia y pudo soportar mediante su fortaleza interior los momentos más difíciles de los campos de concentración, esto representó su salvación  para distanciarse y pasar por encima del sufrimiento originando una nueva actitud que le permitió mirar el futuro con optimismo. La libertad interior entonces, es lo único que no puede ser arrebatado a pesar de las limitaciones psicofísicas,  que una persona pueda tener, lo que se convierte en una gran fortaleza. Esto explica por qué unas personas pueden salir airosas y hasta robustecidas ante situaciones adversas y otras se entregan vulnerables a la misma situación. La vida espiritual del hombre hace que prevalezca el dar un sentido a su existencia, por tanto, quien tiene la oportunidad de profundizar en su interior, tiene la capacidad de conducir conscientemente su propio destino. El hombre es su propio determinante…

MSc. Dalia Ochoa de Doglia
Diplomada en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (I Cohorte).
Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”.

Castro, M (2013). Resiliencia Tanatológica: El arte de resurgir del fango. México. Trillas

Frankl,V (1991). El hombre en busca de sentido. Barcelona. Editorial Herder S.A.

martes, 31 de octubre de 2017

VIVIR LA FE DESDE EL LOGOS


En el principio era el verbo y el verbo era Dios, inicia el profeta Juan (1:1) en las sagradas escrituras. Para la teología cristina, el verbo o hijo de Dios  es el logos (Del gr. λγος lógos).  Desde la filosofía, logos, entre otras acepciones, se refiere a palabra, discurso, sentido, significado, propósito.

No es por el acaso o azar, que esta interesante frase de Goethe “En el principio era el Sentido”,  haya servido de título a uno de los libros sobre reflexiones en torno al Ser Humano, del neuropsiquiatra y Doctor en Filosofía Viktor Frankl, creador de la Logoterapia y el  Análisis Existencial [1].

Hablar de la Fe (Del latín, fides) -primera virtud teologal-  es afirmar la existencia de Dios;  pero también, podemos entenderla como esa seguridad y confianza que nos genera algo o alguien. Es esa palabra dada o promesa que hacemos y que asociamos al valor compromiso.

La Fe, entonces, nos brinda confianza,  que significa esperar con firmeza y seguridad, que deviene en esperanza y como decía Frankl,  el hombre es hijo de su pasado, mas no es esclavo de éste y es padre de su porvenir.  Por ello, la logoterapia mira hacia adelante, a los cometidos y sentidos que el hombre  tiene que realizar en el futuro, ampliando su campo visual que le permita  ver un sinfín de posibilidades y alternativas que lo construya; ya que el Ser es inacabado y solo  se completa al término de su vida.

Cuando vivimos desde el logos, vivimos en la Fe,  descubriendo y abrazando el Sentido, que podemos verlo de dos maneras: sentido de la vida y sentido en la vida. El sentido en la vida, no es otro que  la situación concreta, el momento, del aquí y el ahora, en las experiencias que vivimos, en la cotidianeidad; mientras que el sentido de la vida, es la suma día a día de esos momentos; vale decir, el transcurso de nuestra existencia[2].

Si tenemos Fe, quiere decir que creemos en algo y de modo especial, en las personas  y precisamente con su confianza reforzamos la nuestra para trascender,  que es salir de nosotros para encontrarnos existencialmente con el otro, dirigirnos hacia el  , que se convierte en nosotros y hacia Dios, mediante el servicio y el sentido, desplegando así nuestra dimensión espiritual.

En palabras de Frankl:   “… el primer hecho antropológico humano es estar siempre dirigido hacia algo o alguien distinto de uno mismo: hacia un sentido que cumplir o un ser humano que encontrar, una causa a la cual servir o una persona a la cual amar. (…) eso es auténticamente humano porque se olvida de sí mismo y se concentra en alguien o algo fuera de sí mismo”. Más allá de ese Sentido, Frankl  hace referencia al Suprasentido o ultra Sentido, que trasciende al hombre excediendo su capacidad intelectual y sólo se puede tener acceso a él a través de la Fe.

De otro lado, podemos ver la Fe, como ese gesto que experimenta el niño en los brazos de sus padres, que lo hace sentir seguro que no caerá; así como también, la Fe, es esa confianza primigenia, cuando el embrión se anida al útero de la madre al momento de la concepción.


Es trascendental la Fe del hombre en el Sentido; incluso, desde que el hombre comienza a respirar ya cree en un Sentido, esa es la voluntad de Sentido, la fuerza que lo mueve, que es uno de los pilares de la Logoterapia, al igual que la libertad de la voluntad y el Sentido de la Vida. Hasta un suicida, cree en un Sentido, sino de la vida, al menos de la postvida, de la muerte. Si no creyera en sentido alguno, sería incapaz de mover un dedo o de tomar tal determinación[3].
Frankl, haciendo alusión a su experiencia personal, señalaba que, si el prisionero perdía la Fe en el futuro -su futuro- estaba condenado, perdía asimismo, su sostén espiritual,  se abandonaba y decaía y se convertía en el sujeto de aniquilamiento físico y mental…Se limitaba a quedarse allí, sin apenas moverse.
La Fe, bajo la visión logoterapéutica, se comprende, no  como un pensamiento del que se ha quitado el nivel de la realidad de lo pensado, sino un pensamiento incrementado con la existencialidad.  Sería interesante responder ante la vida, si realmente queremos permanecer inmóviles? O nos decidimos por  esa fuerza que nos mueve (Sentido) y nos hace seguir adelante, pese a las circunstancias?

La invitación es a vivir con Fe y así, obtendremos respuestas a los para qué  de lo que nos toca vivir, sobre todo, con coraje. Los para qué,  nos llenan de esperanza, es una mirada hacia adelante, resignificando nuestras vivencias, haciéndolas  conscientes en el presente y proyectándolas al futuro.  Un futuro que necesariamente no tiene que ser inmediato,  al menos en tiempo cronológico (gr.Chrono) sino verlo como ese momento oportuno, el “tiempo de Dios” (kairós). Vivir la Fe desde el logos, es vivir lo humano del Ser humano ¡más el Sentido de Ser Humano! [4].  




[1] Frankl, V. (2014). En el Principio era el Sentido. Barcelona: Paidós.
[2] Frankl, V. (1980). Psicoanálisis y Existencialismo. México: Fondo de Cultura Económica.
[3] Frank, V. (1977) La Presencia Ignorada de Dios. Barcelona: Herder.
[4] Frankl, V. (1998). El Hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder.


Mariela Yánez Díaz

Directora del Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial 

“Viktor Frankl”




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domingo, 22 de octubre de 2017

LA ESPERANZA EN GABRIEL MARCEL. UNA MIRADA DESDE NUESTRA SITUACIÓN ACTUAL



 

  Día a día, en cada espacio o lugar, resulta inevitable coincidir con el tema político, social; resulta ineludible a nuestros sentidos evidenciar una realidad que podría llevarme a la desesperanza. Esta situación histórica, en palabras de Marcel, condicionaría en esencia lo que soy en realidad. Entonces, ¿por qué no me entrego ante esta situación?
     Responder a esta interrogante marca el inicio a la comprensión de mi propia existencia, o por lo menos intentarlo, desde la perspectiva de este francés que dedicó parte importante de su vida a desarrollar una filosofía o, mejor dicho, una metafísica de la esperanza.
     Dice Marcel que "es a partir de una reflexión sobre la desesperanza, y quizá solamente a partir de ella, de la que podemos levantarnos hacia una concepción positiva de la esperanza" (1951). La desesperanza es un fondo que el hombre, inmerso en el mundo del tener, debe tocar para poder alcanzar la esperanza. "Las condiciones de posibilidad de la esperanza coinciden rigurosamente con aquellas de la desesperanza" (Marcel, 1951)
     Comprendo, entonces, que mi resistencia radica en el alejamiento del mundo del tener (être) y acercarme al del ser (avoir); es mi búsqueda para asimilar la filosofía del ser y de la vida que parte de ella propuesta por Marcel.
    Por tanto, me encuentro en el ámbito del “misterio” y no del “problema”, entendiendo el problema como aquellos aspectos de la realidad que el hombre puede objetivizar, delimitar, controlar y poseer (O’Callaghan, 2008).   El misterio, en cambio, mira al resto de la realidad, específicamente a aquel mundo en el cual me encuentro involucrada y comprometida de forma complicada; el misterio es, en palabras de Marcel, “un problema que rebasa sus propios datos, que los invade, que se excede, por lo mismo, ya como tal problema" (1951).
    Este tránsito del problema al misterio es posible cuando me convierto en la actriz de mi vida, elijo el personaje y el escenario, y se convierte en verdad filosófica, moral y religiosa, la cual se confirma cuando mi vida, es participación de mí misma, con los otros y Dios. Este trabalenguas puede pronunciarse y entenderse cuando rechazo este contexto histórico, sin negarlo, y deposito mi esperanza en la “gracia”, es decir, de lo gratuitamente dado. "En la raíz de la esperanza, hay algo que nos es literalmente ofrecido" (Marcel, ob. cit). Ella surge como respuesta "a iniciativas cuyo centro se halla fuera de nuestro alcance, allí donde los valores son gracias", señala este autor.
     Este punto es extraordinariamente importante en el planteamiento de Marcel. La esperanza, así parece con toda evidencia, no apunta hacia aquello que está en mí, aquello que pertenece al dominio de mi vida interior, sino más bien hacia aquello que se presenta como independiente de mis posibles acciones". Para que sea posible vivir de esperanza, vivir una vida esperanzada, señala O’Callaghan, el hombre debe ser capaz de recibir algo de otro que sea capaz de dar u ofrecerse. Si esto no es posible, entonces es injustificada la esperanza.
     Con base en lo anterior puedo afirmar, que mi esperanza me viene dada por la idea del servicio: ver a Dios, lo absoluto, en el otro. Nos permite ser personas con consciencia de paz y cumplir con la voluntad de Dios.
     Esto traduce una vida espiritual expresada en algunas ideas;
en primer lugar, la fraternidad, la unión entre los seres humanos como hermanos, por el amor que tenemos a los demás. Asimismo, surge la preocupación por crear condiciones fraternales en el mundo.
     En segundo lugar, el entendimiento del amor, no como idea abstracta, sino como obras concretas. Dios nos habla claramente de obras concretas: dar de comer, vestir, visitar a los enfermos, entre otras.
     Y, en tercer lugar, el Amor a Dios a través de mis acciones con los demás; viéndolo en el otro. Si amo a Dios, no puedo dejar de amar a mi hermano.
     El servicio me permite ser persona con consciencia de paz y cumplir con la voluntad de Dios, cumplo con lo que Dios quiere y le demuestro amor al ver a su hijo en el otro”, celebrando a Dios vivo, proclamando una fe religiosa, reconociendo que mi labor en la familia, en la escuela, en la comunidad, se cumple solamente en la formación de hombres y mujeres con actitud de auténtico servicio. De tal manera el servicio es el poder, como lo indica Francisco I. Es el poder para transformar a través de la responsabilidad conjunta, de servir a la persona y a la sociedad.
     La práctica de estos valores permite alcanzar la superación personal y lograr una convivencia social más humana a través de la solidaridad y reciprocidad. El servicio también se refiere a conocer y discernir las estructuras inhumanas que generan y mantienen la pobreza y la degradación humana.
     La participación es un deber para la edificación de una sociedad digna, incluyendo la ecología humana y la ecología natural, cuyo desarrollo favorezca la verdad, la libertad, la justicia y la caridad.

     ¡Por todo esto EXISTO!


BIBLIOGRAFÍA
O`Callaghan, P. (2008): LA METAFÍSICA DE LA ESPERANZA Y EL DESEO EN GABRIEL MARCEL. Disponible: https://core.ac.uk/download/pdf/25069400.pdf.  [Consulta: 2016, septiembre, 20]
Villalobos, M. (2013): GABRIEL MARCEL, EL HUMANISTA. VIDA Y OBRA. Disponible: http://logoforo.com/gabriel-marcel-el-humanista-vida-y-obra/.. Material presentado en el Diplomado en Logoterapia. Instituto Venezolano de Logoterapia. Valencia
Farías, N., León, F. y Yánez, M. (2016): MÓDULO II. Clases presentadas en el Diplomado en Logoterapia. Instituto Venezolano de Logoterapia. Valencia.

MSc. Aleyda Yelixa Ríos Del Moral
Diplomada en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (II Cohorte).

Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”.

jueves, 12 de octubre de 2017

LA LOGOEDUCACIÓN. UNA MIRADA HUMANIZADORA DEL CURRÍCULO

La Logoeducación, etimológicamente, logos del gr., espíritu, sentido, significado, propósito, discurso y educación, educar, del lat., dirigir, encaminar, instruir. Este interesante enfoque curricular, contribuye al proceso de formación de la persona como ser único, singular, en su dignidad y trascendencia,  basado en el logos, como potenciador del desarrollo de las cualidades personales del educador y del educando, para dotarlos de las herramientas necesarias que van desde la integración de saberes y abordaje de los  problemas del entorno; así como también, de la aptitud y actitud para responder a ellos, sustentado en  el pensamiento del neuropsiquiatra y Doctor en Filosofía Viktor Frankl.

    A decir de Frankl, más que nunca, la educación es educación para la responsabilidad, entendida como capacidad para responder ante sí mismo, ante los otros y ante Dios, que, aunado a la libertad y la espiritualidad, forman una tríada en la que se fundamenta lo genuinamente humano.

     El hombre es responsable de cumplir y realizar el sentido y vivir desde los valores de creación (lo que aporto al mundo) los valores experienciales (lo que recibo del mundo) y los valores actitudinales (postura que se asume ante lo irreparable, lo inevitable) siendo que, asumir nuestra responsabilidad - aquello para lo cual el hombre es libre- es el sentido de nuestra existencia humana, en el que todo estado de libertad consiste finalmente en un poder de disposición.

     En este contexto, educador y educando se orientan hacia los valores -como sentidos universales-  considerados no como metas ya alcanzadas, sino como horizontes existenciales a los cuales dirigirse siempre con libertad, responsabilidad y trascendencia. Trascender es salir de nosotros, para el encuentro auténtico con el otro, con el mundo.

     De modo que,  la Logoeducación  es una mirada distinta al proceso educativo tradicional, para poner en práctica las estrategias pertinentes que demanda el nuevo currículo pedagógico desde esta visión humanista-existencialista.
Les invitamos a conocer nuestro Programa EDUCAR CON SENTIDO.

Mariela Yánez Díaz
Directora del Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”

www.logoterapiavenezuela.com

La logoterapia en mi cotidianidad

     La primera vez que escuché hablar de Logoterapia, fue en mi segundo año de residencia en el postgrado de psiquiatría, estudios ...