sábado, 18 de agosto de 2018

"La vida no es un test de Rorschach sino un enigma. Y lo que yo llamo deseo de sentido va más

allá de la simple aprehensión de una figura”.

Viktor Frankl.


Lo que cura es el vínculo. El vínculo, la relación… después vendrán las técnicas. Si priorizamos las técnicas dejamos de lado a la persona, si nos encontramos realmente con el hombre necesitado de ayuda, la técnica vendrá en el momento adecuado, no como la protagonista del encuentro.


Inspirado en Heidegger, Sartre, Martin Buber y en la fenomenología de Husser, Ludwig Binswanger crea la Psicoterapia Existencial, una rama de la Psicología. Binswanger nace en Suiza en 1881 y fue un distinguido psicólogo. Uno de los objetivos que platea en la terapia existencial es que el paciente experimente su existencia como real, perciba sus potencialidades y capacidades para actuar con base en ellas. Propone que el encuentro entre terapeuta-paciente se base en el amor y exista una relación de amistad recíproca entre ambos. El amor es el valor universal más importante, viviendo en el amor se desarrolla la empatía y la compasión. La empatía es sentir lo que otros están experimentando y resonar con ellos. Cuando conocemos a alguien lleno de alegría, también experimentamos alegría. Lo mismo se aplica al sufrimiento; por medio de la empatía experimentamos el sufrimiento que está padeciendo otra persona.


Aunque en nuestros tiempos la psicología existencial se practica a gran escala los individuos nos hemos olvidado de llevar esta práctica al día a día con quienes nos rodean. Se ha demostrado 
que la manera efectiva para lidiar con este problema es cultivar amor y compasión incondicionales hacia la persona que está sufriendo. Mientras más experimenta una persona la compasión y bondad con amor, más progresa hacia el bienestar auténtico, y se vuelve disponible para otros de manera incondicional.
El termino humanismo se usó por primera vez en Italia durante el siglo XIV haciendo referencia a una corriente artística, cultural y filosófica cuya característica fundamental es el interés por el ser humano. Posteriormente a mediados del siglo XX vuelve a emplearse el término con el surgimiento de la Psicología Humanista. La psicología humanista tiene su origen en Estados Unidos, oficialmente se reconoce desde 1962. Surge de la visión de un colectivo de pensadores y psicólogos que coincidían en la idea de la creación de un nuevo enfoque ante el predominio de la psicología conductista y el psicoanálisis de Freud, sus principales exponentes fue Abraham Maslow y Carls Rogers.


La psicología humanista trata precisamente de humanizar la psicoterapia, de ver al paciente como cliente, muestra respeto por la esencia de la persona humana, donde la curación no es producto de la sabiduría y trabajo del terapeuta, sino de la capacidad de autorrealización, auto sanación, autodeterminación del sujeto, si está en condiciones favorables. El propósito de la psicología humanista es muy similar al de la Logoterapia en cuanto a no estar de acuerdo en las tendencias mecanicistas de la psicoterapia. Es una terapia centrada en la persona, en crear

empatía con el cliente, brindarle las herramientas para sanarse y acompañarlo en el proceso de descubrir su sentido de vida.


En resumen consiste en ir descubriendo y reconociendo el camino singular, el propio e intransferible de cada persona; reconducir la dirección tras cada uno de los inevitables desvaríos, alentar la marcha, propiciar el encuentro definitivo con uno mismo y el ajuste permanente del propio equilibrio existencial.



Bibliografía


De Barbieri, A. (2014). Ayuda psicológica en México. Logoterapia: Lo que cura es el vinculo. Recuperado de: http://psicologos.mx/logoterapia-lo-que-cura-es-el-vinculo.php

Pinzón, F. (Primera edición) (2014). Taller de Psicología Humanista. Fpinzon&Lul.

M. Ricard. (2018) Logoforo.com. La empatía y el cultivo de la compasión. Recuperado de: http://logoforo.com/category/articulos/psicologia-humanista/
Fernanda Sánchez

Diplomado en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (IV Cohorte).

Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”

domingo, 5 de agosto de 2018

La esperanza en Gabriel Marcel. Una mirada desde nuestra situación actual.



Por: Betsy Betancourt

Antes de comenzar a hablar de la esperanza es fundamental observar, en primer lugar, a la desesperanza como trampolín u oportunidad del hombre cuando toca fondo del plano metafísico para la superación de la misma, y cómo la desesperanza interviene de modo influyente en el ser humano, siendo un hilo muy delgado entre la salvación y la muerte. El ser humano ha sido influenciado en su mayor parte en un entorno psicosocial en el cual el “tener”, jerárquicamente, es más importante que el “ser”, siendo el mismo hombre guardián de objetos externos para así lograr obtener la sensación de seguridad, poder, opulencia y pertenencia, obsesionado en rescatar aquello que no ha perdido y en recuperar lo que ha perdido, he aquí cuando se prueba el carácter del hombre en sus capacidades, aptitudes y actitudes, de cómo éste se enfrenta responsablemente ante las situaciones presentadas. Según Marcel (citado por O’Callaghan, 1989, p. 58) “la desesperanza consiste en reconocer la ineficacia última de las técnicas", de no ser reconocida ninguna de estas técnicas, entonces el hombre se mantendrá sumergido en un callejón oscuro y sin salida.

En los tiempos actuales en la sociedad venezolana para ser específica, muchas personas están experimentando la desesperanza, en vista de que han percibido y vivenciado la sensación de pérdida, de aquello que tenían y que ahora ya no está, y con la perenne incertidumbre en el no saber si lo volverán a tener. Esta sensación de pérdida puede estar relacionada con valores de estética o ética, como también pueden estar relacionados con objetos materiales, dinero, empleos, estatus sociales, etc, aquello por lo que se trazaban una meta a alcanzar y por lo que consideraban su sentido de vida, la solución encontrada a esta situación ha estado en la emigración geográfica o, en sus casos extremos, el suicidio.
En este ensayo, plasmaré cómo el hombre se puede perder en sí mismo ante la ausencia de las esperanzas trascendentales, otorgando la desvalorización de la existencia humana y la libertad en la dimensión espiritual, ya que a mi parecer la esperanza es un acto singular, vinculado desde la toma de consciencia responsable sobre la vida misma, y exenta de toda codependencia en la esperanza misma. Entonces, ¿está el hombre consciente de sí mismo en querer tocar el fondo del


plano metafísico a través de la desesperanza para así alcanzar una esperanza individual espiritual y libre de todo cautiverio?
Cabe preguntarse, ¿cuáles son las actitudes interiores que maneja el hombre ante una situación desesperanzada? El entorno es un factor sugestionable en la psique del hombre –si éste así lo permite–, por lo que se requiere de toda disposición actitudinal y fenomenológica para que el entorno no interfiera en nuestros estados emocionales, valores y creencias, ya que un pensamiento sugestionable suprimido de toda intencionalidad positivista, ¿cómo puede desencadenar la desesperanza cautivando toda esperanza perdida?, y es allí cuando el hombre pierde toda esperanza ante su entorno y en sí mismo, para lograr avanzar hacia el encuentro con su propio ser; y si éste carece de la madurez espiritual en discernir el cómo va a experimentar la desesperanza y en cómo posibilitarla como un trampolín de superación para alcanzar una esperanza pura y victoriosa exenta de toda codependencia externa.
Desde este punto de vista, la esperanza será un acto consciente y responsable, el cual le permite al hombre decidir traspasarse hacia el plano metafísico, porque hasta la misma esperanza puede ser un acto codependiente en sí, sólo si dependemos de ella misma, objetando que estar en la “espera de” o el “yo espero”, suprimiendo como consecuencia aquellas acciones individuales estimuladoras de cambios transformacionales intrínsecos. Dicho pues por Marcel (2005, p. 51)
“quien espera y quien, ya lo hemos visto, está sufriendo una cierta prueba semejante a un modo de cautividad
¿acaso no tiende a tratar esta prueba, a enfrentarse con ella como el paciente mismo se sirve de ella con este yo menor, con este yo por educar y gobernar, tratando sobre todo de no dejarse crispar, o por el contrario encabritarse, liberarse, prematura e indebidamente? Desde este punto de vista la esperanza consistirá en considerar la prueba primeramente como parte integrante de uno mismo, y al mismo tiempo como destinada a suprimirse y transformarse dentro de un cierto proceso creador”.
Es necesario y pertinente que si el hombre busca elevar sus niveles de pensamientos para alcanzar una esperanza pura, haga consciencia de sí mismo y que no es el “tener” lo que lo acercará a Dios para otorgarle una vida trascendental y espiritual. Dice el filósofo francés que
“la verdad es que solo puede haber, propiamente hablando, esperanza donde interviene la tentación de desesperar; la esperanza es el acto por el cual esta tentación es activa o victoriosamente superada, sin que quizá esta victoria vaya acompañada necesariamente de un sentimiento de esfuerzo: incluso yo llegaría a afirmar que este sentimiento no es compatible con la esperanza pura”. (2005, p. 48)
….En el entorno sociocultural actual venezolano, hay un grupo de la población que maneja un mensaje desesperanzador, oscilando en la no posibilidad de surgir o en el “no tener”, pero ¿hasta


qué punto, me conecta con mi propio ser la opulencia y la ostentación si no me hago responsable de mí mismo y como ser humano existente? Como ya he dicho, esta situación es palpable al mirar en las noticias la decisión de emigrar que han tomado muchos venezolanos o ejecutando planes para salir del país. Caso extremo de desesperanza los que se quitan la vida por la falta de sentido y pérdida de las esperanzas.
Desde mi perspectiva, alejarnos de Dios o no tener a Dios presente es dejar una puerta abierta al distanciamiento noóetico, la libertad espiritual es la que nos conducirá a optar por una actitud esperanzadora y pura, libre de cargas y de codependencias, porque no podemos esperar que nuestro entorno accione o que llegue el día perfecto, sólo la fe en Dios es la que nos permitirá tener una esperanza plenamente existencial. Para concluir, considero que es importante distinguir la utilidad que le damos a la esperanza y cómo hacemos conciencia sobre ella, donde también el entorno puede ser un factor saboteador a través de la sugestión en nuestro modo de gestionar la esperanza pura. Nadie puede decirme si puedo o no puedo, desde mis sentidos perceptivos, habilidades y capacidades y potencialidades, puedo discernir y decidir qué mensaje es útil y cual no, cada vez me hago más consciente que el “tener” tiene una finalidad y un propósito de utilidad temporal, pero que la esperanza nadie me la puede inhibir y menos la esperanza transcendental.
Finalizo con estas de palabras de Marcel (2005, p. 20): “¿Qué se puede decir, sino que en primer lugar no hay esperanza más que al nivel del nosotros, del ágape, y no al nivel de un yo solitario que se obnubilaría con sus fines individuales? Esto quiere decir que es ilegítimo confundir esperanza y ambición, pues no pertenecen a la misma dimensión espiritual”.


Bibliografía.

Marcel, Gabriel (2005) Homo viator. Prolegómenos a una metafísica de la esperanza: Salamanca: Sígueme.
O’Callaghan, P. (1989) “La metafísica de la esperanza y del deseo en Gabriel Marcel”. Anuario Filosófico, 22, pp. 55-92.

Betsy Betancourt
Diplomado en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (IV Cohorte).

Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”

domingo, 29 de julio de 2018

Venezuela y el contexto del libro “El Hombre en busca de Sentido”

     El ser humano posee, desde una gran cantidad de teorías y posturas, la capacidad innata de sobreponerse a cualquier situación que la vida (dentro de sus misterios y cuestiones que aún nos cuesta comprender) le hace experimentar en diferentes circunstancias, incluso por encima del ámbito biológico (en referencia al instinto de supervivencia natural). “Trascender” es una palabra que tomará mucho protagonismo en los siguientes párrafos, llevado a diferentes ámbitos en lo que a “ir más allá” y “superarse” se refiere, pues, el siguiente autor de quién tendré el gusto de escribir, hace de la trascendencia personal algo capaz de romper hasta con el concepto de sufrimiento más ortodoxo y extremo posible. Se trata de Viktor Frankl, un psiquiatra y psicoterapeuta cuya destacada experiencia existencial dentro de los campos de concentración nazi, le llevaron a trascender, no de manera forzada sino más bien, de forma voluntaria y decidida, cada uno de los aspectos de la vida humana que se ven violentados y casi destruidos dentro de estos campos, al punto de no solo ser un sobreviviente de dichos lugares, sino de haberle dado un enorme sentido a lo que anteriormente eran ideas apuntadas en notas, y que hoy es uno de los enfoques humanistas - existenciales más relevantes, así como su gran obra: “El Hombre en Busca de Sentido”.
    
     Para todos aquellos acontecimientos, experiencias, hechos o historias donde una persona fue capaz de sobreponerse ante una circunstancia catastrófica o de mucho sufrimiento, bien sea de carácter emocional o físico, se emplea siempre el término “resiliencia”, el cual define bien este tipo de experiencias, o mejor dicho, la capacidad del ser humano frente a ellas. Pero cuando pienso en el Dr. Viktor Frankl, siento que “resiliencia” deja muchos espacios que quedarían sin ser contados, por eso empleo palabra “trascendencia”, pues como bien mencioné antes, en los campos de concentración la vida humana pierde valor, al punto de ser reducida a un simple número (prisionero Nro. 119.104 para Frankl) por lo tanto, ser resiliente no es suficiente en este contexto, hay que ir mucho más allá  y esto fue lo que hizo Frankl.
     
     Hoy en día, y en nuestro contexto venezolano, existen dos tipos de campos de concentración, que probablemente puedan existir también en otros países en crisis o situaciones similares. Estos son: los campos de concentración colectivos y los personales. Para los primeros, existen sufrimientos colectivos que, como ciudadanos de un mismo país, nos afectan de manera común, los cuales aplican desde lo macro: servicios públicos, gobernantes, sistema educativo, sistema judicial, economía, entre otros, cuyo mal funcionamiento y corrupción que les caracteriza es razón y motivo suficiente para un malestar común en todos sus aspectos. Sin embargo, respecto a los segundos, los campos de concentración personales, pueden llegar a implicar mucho más sufrimiento que los colectivos  (aunque en algunos casos ambos están directamente relacionados) donde el aspecto emocional o físico tienen un papel fundamental según sea el caso. Curiosamente, Frankl vivió ambos de forma simultánea, pues era uno de muchos prisioneros dentro de un mismo infierno, donde también experimentó la lucha personal contra el sufrimiento.
      
     Decía Frankl en su libro: “Nada teníamos ya, salvo nuestros cuerpos mondos y lirondos (incluso sin pelo) literalmente hablando, lo único que poseíamos era nuestra existencia desnuda” (p. 34). Si bien en su contexto esta frase nos plasma una imagen mental de lo que sucedía en dichos campos, la misma nos lleva a preguntarnos: ¿vivimos hoy algo diferente a lo que el doctor Frankl experimentó dentro de los campos? Desde un punto de vista personal, pienso que no hay mucha diferencia, ni desde lo colectivo ni tampoco desde lo personal. Ahora bien, conocemos la historia, conocemos los oscuros detalles de aquél entonces y los que día a día vivimos en nuestra actualidad, ¿es entonces el sufrimiento una experiencia humana inevitable bajo cualquier contexto? Viktor Frankl responde a esto de manera afirmativa, diciendo que el sufrimiento es parte de la experiencia existencial de la vida en sí misma, pero también dice que el ser humano puede decidir o elegir la actitud con la que va a afrontar dicho sufrimiento para encontrarle un sentido. Y esto aplica para ambos tipos de campos, y para los dos siempre habrá, sea cual sea el contexto, la posibilidad de trascender dicho sufrimiento y aprender o crear algo nuevo a partir de ello.

         Frustración existencial, neurosis noógena y vacío existencial son solo algunos de los síntomas que se repiten históricamente, desde el holocausto hasta nuestra actualidad, incluso, con la situación de Venezuela. Así como en su momento Viktor Frankl se sobrepuso a ellas, bajo una serie de habilidades y capacidades propias del ser humano, asimismo el venezolano puede trascender el sufrimiento de nuestra crisis actual. Ahora bien, lograr que cada uno descubra sus capacidades de trascender es una tarea que, así como en los campos de concentración, corresponde una responsabilidad colectiva y personal. Desde lo colectivo, especialmente, los profesionales de la salud mental en ejercicio, tenemos la responsabilidad de llevar al paciente a un profundo y existencial “darse cuenta”, dentro de sus malestares emocionales y sufrimientos. Desde lo personal, Viktor Frankl nos enseña que a pesar de lo que una situación pueda arrebatarle a una persona, ésta siempre va a tener la opción y la voluntad de tomar una decisión frente a ello, así como también decidir la actitud con la que afrontará dicha experiencia y lo que ella deje en su vida.
     
     Finalmente, y apoyándome en la filosofía de vida del Dr. Frankl, el ser humano tendrá siempre herramientas con las cuales podrá enfrentar lo que sea, bajo cualquier circunstancia. Algunos poseemos herramientas externas que se relacionan directamente con las internas, como por ejemplo el arte o el deporte. Aferrarnos a aquello que representa de manera tangible algo tan complejo como nuestra esencia puede llegar a ser, en instancias de campos de concentración personales, lo único que nos mantenga vivos dentro de él y encontrarle sentido al sufrimiento. Vivimos en tiempos de una extraña postmodernidad, en una especie de cultura de la muerte y de la deshumanización, por lo que cada día urge con más intensidad la presencia de la Logoterapia en Venezuela y en el mundo, aun considerando que ésta no es la cura de todos los males, en el contexto actual es, si se quiere, una de las corrientes psicoterapéuticas más necesaria en estos tiempos.


Referencias Bibliográficas
Frankl, V. (2001). El Hombre en Busca de Sentido. Vigésima primera edición.
Barcelona: Editorial Heder

Héctor J. Guillén
Diplomado en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (III Cohorte).
Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”

miércoles, 18 de julio de 2018

Buscando sentido en la incertidumbre


Por: Renzo Salazar

La mayoría de los seres humanos orientamos nuestra vida hacia un futuro de posibilidades. En situaciones ambientales favorables nos resulta cómodo desarrollar proyectos de crecimiento personal y profesional que satisfagan nuestras necesidades de autorrealización. Cuando sentimos que el entorno es seguro nos lanzamos a la conquista de nuestro destino con confianza y determinación. Los escenarios positivos se convierten en aliados de nuestros objetivos vitales. Ahora, ¿qué sucede cuando alrededor de nuestra vida surgen situaciones adversas inesperadas e imprevisibles que no parecen tener final?, ¿cómo miramos el futuro cuando el contexto social nos sumerge en un estado de duda, inseguridad y falta de control sobre los acontecimientos del presente? Basado en la experiencia extrema del psiquiatra austríaco Viktor Frankl en su ya conocido cautiverio en campos de concentración nazi, disertaré desde mi realidad existencial sobre las posibilidades únicas que podemos descubrir en una situación externa antagonista de final incierto.

Para aquellos que como yo, por circunstancias históricas nos ha tocado vivir en la Venezuela de los últimos dos decenios, hemos estado enfrentando un singular trance en la línea de tiempo de la historia contemporánea de la nación cargado de intensas experiencias emocionales por el particular clima de “neurosis colectiva” provocado, entre otras cosas, por el evidente deterioro de la calidad de vida de la inmensa mayoría de la población del país. Es así como los sentimientos de ira, miedo, ansiedad, frustración, tristeza y melancolía parecen manifestar signos preocupantes para la salud psíquica, física y social del venezolano. Un fenómeno sociológico que está siendo observado con seriedad por especialistas en sus áreas, más aún cuando se percibe que la llamada “situación país” no tendrá una pronta solución por el desconocimiento que se tiene del tiempo en que terminará esta situación de la existencia.
De allí que, ante este debilitamiento moral, cada vez es más frecuente escuchar expresiones saturadas de la incertidumbre que produce el final del “cautiverio”. En mis conversaciones me han planteado cosas como ¿qué va a pasar con el futuro de mi familia? ¿Qué sentido tiene estudiar y prepararse? ¿Para qué fijarse objetivos y hacer planes para el futuro? ¿Para qué emprender negocios en la actualidad? Para muchos, la falta de control sobre el entorno, el no


saber qué puede ocurrir con las opciones planteadas y no poder vislumbrar un final claro, significa que todo proyecto personal o profesional queda suspendido o pierde sentido, y con ello queda frustrada la búsqueda de la autorrealización. Esto nos remite a la condición incierta de la vida de los prisioneros del lager1 que Frankl denominaba “existencia provisional cuya duración se desconoce”2, caracterizada por lo imprevisible y la ausencia de seguridad para plantearse objetivos vitales y tomar decisiones de cara al futuro.
Ante las frustraciones del presente y la ausencia de metas futuras, cual prisioneros mentales de un pasado que se nos fue y de un mañana que aun no termina de llegar, muchos venezolanos evadimos las realidades de la existencia presente en el aquí y el ahora ocupando la mente con recuerdos nostálgicos de “cuando éramos felices y no lo sabíamos”, de las veces que viajamos, el dinero que ganamos, las compras que hacíamos, la ropa que vestíamos, el carro que tuvimos y los encuentros de familia que celebramos con abundancia. Desde mi pensar y sentir como venezolano, pareciera que nuestra concepción de la historia como análisis de la existencia humana, se quedó apegada a esa imagen ideal de un tiempo que –a juicio de unos cuantos– fue mejor, lo que mantiene el estado de la falta de aceptación de las circunstancias existenciales de sufrimiento colectivo que hoy forman parte ineludible de nuestro tiempo e inevitablemente de nuestra vida.
¿Quiere decir esto que debemos asumir un estado anímico de resignación pasiva o resentimiento ante las circunstancias adversas de nuestro entorno? Frankl deja claro que “cuando uno se enfrenta a un destino ineludible, inapelable e irrevocable… entonces la vida ofrece la oportunidad de realizar el valor supremo, de cumplir el sentido más profundo: aceptar el sufrimiento”3. Considerando los horizontes de tiempo, situación y cultura, nuestro presente, obviamente, se distancia de la realidad única del sufrimiento inevitable del psiquiatra austríaco, dadas las particulares circunstancias históricas de su cautiverio, lo que permite germinar cierta esperanza viva en cuanto a la revocabilidad de este actual estado de cosas en nuestro país. El mismo Frankl insta a combatir oportunamente el sufrimiento evitable que no es necesario para conferirle un sentido a la vida, ya que la acción contraria –dice Frankl– sería masoquismo. En todo caso, es la libertad interior la que nos conducirá a decidir la mejor actitud y conducta ante situaciones adversas.


Es aquí cuando la visión logoterapéutica del ser humano plantea otra perspectiva, la de enfrentar con coraje nuestros “campos de concentración”, tomando conciencia de nuestra existencialidad, de ese modo específico de ser humano, e iniciar con honestidad la búsqueda de un sentido a la vida en todas sus dimensiones a pesar o en medio de la adversidad que el entorno social nos presenta. Mientras no seamos capaces de aprehender con libertad y conciencia nuestra realidad y la de los demás para la búsqueda de significados en todo lo que nos circunda o acontece, estaremos perdiendo posibilidades únicas de realización personal, así como la oportunidad de crecer espiritualmente con sentido de autotrascendencia, como bien lo señala Frankl: “… en multitud de ocasiones, son las circunstancias excepcionalmente adversas o difíciles las que otorgan al hombre la oportunidad de crecer espiritualmente más allá de sí mismo”.4
En definitiva, y a modo de conclusión, he observado como los estados internos de incertidumbre que surgen de las situaciones de sufrimiento personal o colectivo del que no se vislumbra su final o cuya salida es remota en el tiempo, pueden ser inoculados con planteamientos de metas vitales que inviten al individuo a trascenderse a sí mismo, con lo que también estará cumpliendo su propio sentido de realización personal, tal como lo dice Frankl: “la verdadera autorrealización sólo es el efecto profundo del cumplimiento acabado del sentido de la vida”5.
Finalmente, y ante el debilitamiento de los valores materialistas que otorgan seguridad al hombre y la mujer venezolanos y que le servían como base de control interno, se hace necesario constituir un nuevo “asidero interior” centrado en valores espirituales (en el sentido noético) que le sirva de sustento y guía y que, a su vez, movilicen la capacidad de la persona espiritual de tomar distancia de sí ante un entorno hostil, a fin de abrir la posibilidad de enfrentar las adversidades y mirar las circunstancias concretas desde otras perspectivas que permitan comprender significados existenciales y desarrollar de modo consciente una mentalidad orientada a la búsqueda del sentido en todos los acontecimientos de la vida.
 Referencias
1 En alemán, campamento, por trasliteración “campo de concentración nazi”.
2 Frankl, V. (2004). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Heder, p. 95.
3 Ibidem, p. 134.

4 Ibidem, p. 97. 5 Ibidem, p. 133.  

Renzo Salazar
Cursante del Diplomado en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (IV Cohorte).

Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”



martes, 17 de julio de 2018

El sentido detrás de las rejas


     Leer “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl me hizo retroceder al tiempo
cuando laboraba en el área penitenciaria, específicamente en el IJ Rodeo II, lugar donde
precisamente conozco por primera vez la obra de Frankl gracias al capellán del internado.
Y es que las similitudes entre lo que Frankl describía sobre los prisioneros en los campos
de concentración y estos internos, eran palpables. Y no solo es el hecho de estar recluido en
un espacio físico determinado, el “campo de concentración” puede ser muchas cosas,
circunstancias inesperadas, abrumadoras, esas que dan la sensación que nunca van a pasar,
que no podrás escapar.
     Voy a hacer referencia a tres características descritas en “El hombre en busca de sentido”
(Frankl, V. 2004) las cuales identificó Frankl en los prisioneros, sus compañeros e incluso
él mismo, durante su permanencia en los campos de concentración.
     La primera tiene que ver con la apatía, esa transformación en el prisionero, embotado por
sus propios sentimientos, que le hacía perder la capacidad de asombro y de sensibilidad
ante las crueles escenas que se desarrollaban alrededor. En el centro penitenciario lo pude
observar, pero lo llamativo para mí no era tanto que esta actitud estuviese en los internos,
pues de cierta manera era esperable; lo que realmente me sorprendía era observarlo en el
personal del lugar, incluido el personal asistencial. La violencia en los centros
penitenciarios no es secreto, en este caso para ese momento la población reclusa rondaba
los 400 internos. La dinámica del lugar era que permanecieran con las celdas cerradas, no
había “desplace”, y solo algunos privilegiados podían estar fuera de sus áreas de reclusión
por diversos motivos. Los días de visita la rutina cambiaba, las celdas eran abiertas y
entonces era la oportunidad para saldar deudas entre los internos, lo cual por lo general
daba como resultado al menos un fallecido.
     Cada miércoles al llegar al lugar de trabajo era común encontrarse con un cadáver,
inevitable ver el cuerpo descubierto aún ensangrentado; solo se preguntaba el nombre,
buscar el expediente y cambiarlo a la gaveta de “fallecidos”. Sin más comentario se
continuaba la jornada, a veces salía a relucir la expresión: “el que a hierro mata, no puede
morir a sombrerazos”. Incluso podría haber sido un interno con el cual hubiese un contacto
constante, aun así la apatía se mantenía.
     Otra elemento descrito por Frankl era el impacto del insulto, causante de indignación sobre
todo al ser juzgado injustamente. Recuerdo vivamente como uno de los internos del penal,
quien afirmaba estar preso siendo inocente producto de una confusión, relataba su
experiencia luego de una fuerte requisa, donde los insultos son protagonistas, incluyendo
acciones humillantes como el quitarles la ropa, obligarles a acostarse boca abajo en el piso
mientras los guardias les caminaban por encima y golpeaban aleatoriamente con su arma.
     Ante esta vivencia me decía: (Vb) “nunca seré el mismo, más nunca me dejaré pisotear por
nadie”.
     Finalmente, el humor, al que Frankl describe como una especie de mecanismo de defensa
que “permite un distanciamiento necesario para sobreponerse a cualquier situación, aunque
sea por un breve tiempo” (p.70). Y esto se observa en múltiples contextos, no solo el
penitenciario. Muchas veces ha sido una actitud muy criticada, venezolanos se acusan entre
sí de tomar todo “en broma”, aún en las difíciles circunstancias actuales, cuando es la
evidencia de que esa situación afecta tanto que se necesita ese bálsamo para sobrellevarlo.
     Por otra parte, la logoterapia está centrada en el futuro, siendo la esencia de la existencia la
“capacidad del ser humano para responder responsablemente a las demandas que la vida le
plantea en cada situación particular”. (p. 131); ¿cuál impacto pudiera tener en estos jóvenes
recluidos como consecuencia de cometer un delito el asumir responsabilidad sobre sus
actos?
     En la gran mayoría de las entrevistas realizadas, la verdad no recuerdo ninguna que no
hubiese sido así, el culpable de sus actos siempre era otro: el sujeto que lo provocó, el
padre/madre que no cuidaron de él, la sociedad que no le tendió la mano, la pobreza, el
barrio, la circunstancia. Nunca un “fue mi elección”. Asumir la responsabilidad sobre
nuestras actitudes ante cada situación, da un cambio de perspectiva, y por lo tanto de
conducta, incluso el repertorio emocional ya no es igual.


















Bibliografía
Frankl, Viktor (2004) El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder Editorial.
Lcda. Yalileth Revetti
Cursante del Diplomado en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (IV
Cohorte). Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”.

YALILETH REVETTI
Cursante del Diplomado en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (IV Cohorte).
Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”

domingo, 15 de abril de 2018

UNA HISTORIA CON SENTIDO



     Transitamos por la vida casi siempre con prisa, impulsados por la impaciencia y la sensación que él tiempo no alcanzará para tantas metas por cumplir. Hasta que de pronto, coincides con alguien que te hace entender a través de sus ojos cuál es el verdadero sentido de la vida y aprendes por medio de esa experiencia como disminuir el paso, observando a través de esa visión el mundo que te rodea, todo comienza a ir más lento, cada cosa comienza a tomar un significado más profundo, por un momento dejas de correr y comienzas a apreciar.
     Decidí referirme a la protagonista de esta historia como Mariposa, una mujer que se convirtió en oruga al momento de recibir el diagnóstico de una enfermedad incurable (Lupus Eritematoso Sistémico), “cuando me diagnosticaron sentí que se me acababa el mundo, ese era mi último día, me apuñalaba yo misma, solo pensaba ¿por qué yo?”. Esta situación de vida inevitable le provocó sufrimiento en torno a su sentido de vida, induciéndola a un vacío existencial, su mundo dio un giro inesperado y las cosas que le parecían importantes dejaron de serlo.
     Pero aquella mujer que tenía frente a mí, definitivamente no era la misma persona que ella describía en sus relatos, esta mujer representaba luz, vida, generaba felicidad, risas, ánimo,  ¿Cómo logro hacerlo, me preguntaba?, “saber de mi enfermedad me dolió en algún momento, pero ya no, yo no puedo hacer el dolor más doloroso, no puedo quedarme estancada, es que la vida continua, y hay más cosas por aprender, cada día es una historia diferente, ¿cuando tu vuelves a vivir lo que viviste ayer? Jamás”.
     Presencié entonces, la transformación de vida de aquella oruga, esta mujer no era enfermedad, el lupus no era su nombre, decidió aceptar su realidad y enfocar su vida en sus valores existenciales, asumió con libertad la actitud ante su sufrimiento inevitable, aunque no podía cambiar las circunstancias, e incluso no podía curarse de su enfermedad eligió superar las limitaciones de su destino. Ella es más que un diagnóstico, es una enfermera carismática, que genera bienestar a sus pacientes y colegas convirtiendo el dolor, y el miedo en risas.
     Cada uno de nosotros representa una Mariposa en potencia. Puedes continuar y morir como oruga temiendo al tiempo, la muerte e incluso a la vida misma, o asumir la libertad de transformarte en mariposa y apreciar la vida a través de tus valores existenciales.

Lcda. Psic. Ana Gabriela Perdomo
Cursante del Diplomado en Logoterapia, Análisis Existencial y Sentido de Vida (IV Cohorte).
Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial “Viktor Frankl”.


sábado, 10 de marzo de 2018

Ver el mundo con una mirada más amplia...

Por qué el mal hace más ruido que el bien? Es una pregunta que siempre me he hecho a lo largo de la vida. Si uno en el transcurso de un día se dedica a saludar a la gente, darles los buenos días con una sonrisa, dar de comer a los pobres, un medicamento al que lo necesita incluso ropa al que no tiene pero al final de la jornada se te atraviesa una persona porque no respeta una señal de tránsito y le dices una grosería y la escuchan los que están al rededor, lo más seguro es que según su juicio el saldo del día sea negativo.

Una de las consecuencias de vivir en una sociedad donde se exalta lo malo, lo feo, lo desesperanzador es que nos acostumbramos a ver la realidad desde una sola perspectiva. Una de las labores de todo aquel que busca vivir y enseñar desde la logoterapia y el pensamiento frankliano es ayudar a que la persona pueda abrir su campo visual, ver la realidad de una manera más amplia y así descubrir una maravillosa red de oportunidades que se nos presentan en cada instante.

No será la hora de relativizar, de abrirnos a nuevas experiencias, de afinar nuestra mirada
y saber que la realidad es más profunda de lo que se nos viene a los sentidos? Si nos ponemos a pensar, no es lo mismo un minuto en una playa paradisíaca a un minuto antes de abrir la puerta de tu casa con un inmenso dolor de estómago. No es lo mismo el beso de una madre a su hijo o el beso de la traición de Judas.

Es impresionante como la situación venezolana ha logrado que muchos despertaran de un letargo y pudieran tener experiencias de altruismo, caridad y compasión. Personas que estaban sumergidas en sus propias ocupaciones y ahora hacen de sus ocupaciones espacios colaborativos llenos de sentido.

No critico el énfasis que muchos ponen en mostrar realidades que tratan de responder a la pregunta Por qué ocurre esto o aquello, pero propongo que usemos nuestras fuerzas creativas para tratar de responder a la pregunta más dinámica y esperanzadora que puede haber: Para qué?

Una persona me contaba que por primera vez en su vida visitaba un hospital público, después de pasar largas horas allí reflexionó sobre las distintas posibilidades que tenía al estar inmersa en esa situación y concluyó que tenía que actuar de acuerdo a la mejor de las posibilidades y para ella fue el ayudar a los que estaban peores que él. Le pregunté qué era lo que le hacía tomar esa decisión? La respuesta fue bien interesante, me explicó que a su manera de ver la grave situación del país era producto de que muchos habían actuado pensando en el interés de pocos y si queríamos otra realidad teníamos que hacer lo totalmente contrario y para él era que pocos pensaran en el bien de todos...

Esta persona comenzó en solitario a hacer el bien en el hospital y poco a poco fue sumando gente por atracción y creó un clima de colaboración y fraternidad que le dio otro color a ese hospital...

Esta persona se atrevió a ver un poco más, de una manera más amplia la realidad que le circundaba y pudo descubrir la mejor de las posibilidades en ese mundo en el que estaba por vez primera. Eso fue lo que enseñó el Dr. Viktor Frankl con su Logoterapia y es lo que denominó encontrar Sentido en el momento presente...

Lic. Manuel Alejandro García Álvarez
Presidente del Instituto Venezolano de Logoterapia y Análisis Existencial Viktor Frankl.






La logoterapia en mi cotidianidad

     La primera vez que escuché hablar de Logoterapia, fue en mi segundo año de residencia en el postgrado de psiquiatría, estudios ...